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viernes, 26 de noviembre de 2010

1987, UN AÑO PARA OLVIDAR. DESEMBARCO TRAGICO EN CAMPELLO.



En primer lugar quisiera pedir perdón por la imagen que encabeza esta entrada, ya que es una simulación o licencia creativa que en nada se asemejo a la realidad acaecida.
En segundo lugar explicar que esta entrada esta motivada para que no se olvide y no se repita nunca más una tragedia como la vivida en aquel día festivo, donde un cúmulo de circunstancias o mejor seria decir de malas circunstancias, convirtió la alegría, en llanto y muerte.
De igual manera quisiera señalar que esta tragedia marco por igual a dos pueblos hermanados en la fiesta de Moros y Cristianos, Mutxamel y el Campello.
Aunque el lugar del suceso fue en este ultimo pueblo, no creo equivocarme al decir que los vecinos de Mutxamel fueron lo más perjudicados ese día, pues a ellos pertenecía el cañón que exploto y ellos eran los que lo manipulaban.
Desde entonces son muchos, 23 años después, los que aun no lo han superado y no pueden ir a ver la escenificación del desembarco de los moros en la playa Carrerlamar de Campello.
CONTEXTO VIVIDO EN 1987.
Antes de pasar a contar los hechos quisiera recordar algunas cosas, tal como eran en 1987, pues muchos son los que pueden pensar que nuestra vida no cambia tan rápido y eso no es verdad.
Comunicaciones.
El 12 de Octubre de 1987 aun no estábamos inmersos en el mundo de las comunicaciones, de hecho no había móviles por estas tierras y aunque estos se introdujeron en España en 1976 para Madrid y Barcelona, donde solo unos cuantos privilegiados podían costeárselo.
Hubo que esperar hasta 1990 para su introducción en toda España, mediante unos aparatos que no eran ladrillos, sino tostadoras por tamaño, peso y autonomía corta de la batería (20 minutos). Los cuales, claro esta, tampoco eran asequibles a la mayoría de los mortales.
En 1987, en Alicante no había móviles, solo teléfonos fijos, además de las emisoras de los cuerpos de seguridad para comunicarse entre ellos y un sistema usado por los médicos y otros profesionales que necesitaban estar localizables permanentemente. Aquel sistema de comunicación consistía en sus primeros modelos, en un aparatito que llevaba los individuos encima y que empezaba a pitar, tras lo cual debían acercarse a cualquier teléfono fijo y llamar a la central de mensáfonos para que le dieran el mensaje, posteriormente salieron modelos que difundían el mensaje en voz y los últimos tenían además de capacidad de recibir voz, una pantallita donde salía el texto del mensaje a modo de telegrama, mientras que una lucecita parpadeaba avisándote.
Los inconvenientes de estos buscas eran que habían zonas sin cobertura, por lo que se debía repetir el mensaje de vez en cuando hasta que contestara el receptor, siempre y cuando no se le olvidara coger el aparatito, lo encendiera, se quedara sin batería o simplemente que se hiciera el sueco.
Así que viendo la situación de la red de comunicaciones existentes en aquel 1987, os podéis figurar las situaciones que se vivieron de angustia y confusión aquel día, pues la información era más lenta que en la actualidad, de hecho la identificación de los muertos en un principio fue difícil, debido en parte a las lesiones recibidas por estos en la explosión y al hecho de no llevar documentación alguna, al ir con la indumentaria de Moros y Cristianos.
La ausencia de datos fiables en los primeras horas sobre el grado de gravedad de los heridos trasladados atropelladamente de la playa, provoco que los nombres de los vivos y muertos corrieran entre los vecinos con mejor o peor fortuna, de hecho, una compañera de trabajo recuerda como tubo que sufrir la angustia de perder un tío por unas horas al ser confundido con uno de los fallecidos.
Esta desinformación, junto con los nervios, llevo a que la gente con familiares que habían participado en el desembarco, se lanzaran a la calle en busca de sus seres queridos y hacia los hospitales en busca de noticias.
El tiempo nos ha dejado las historias felices de aquellos y aquellas que debían estar allí, pero ese día estaban demasiado cansad@s, borrach@s o simplemente no pudieron estar por mil motivos y las de aquellos que sufrieron simplemente el susto de unas cuantas heridas menores, todos ellos se consideran afortunados, pues la mayoría, en mayor o menor afinidad conocían a la gente que perdió la vida ese día y la de aquellos que la salvaron a un precio muy alto.
Planes de Emergencias.
Por aquellos días, prácticamente podría asegurar, que el plan de emergencia específico del desembarco no existía, pues era su primer desembarco, incluso dudo de que Campello tuviera un sistema de protección civil adecuado, si lo comparamos con Alicante que por entonces a un estaba en paños menores.
Por aquella época no había SAMU y en Campello como mucho, habría una o dos ambulancias, no funcionaba el 112 de emergencias y era habitual que los particulares y la misma policía metiera cualquier accidentado en sus vehículos para acercarlo rápidamente a un centro medico y no solo a los que se mueven por si mismo, que hoy en día ni a esos los traslada la policía (nadie quiere verse envuelto en denuncias posteriores, argumentando un empeoramiento de las lesiones por traslado imprudente o simplemente por las manchas que dejan en la tapicería), pero entonces no existía esta cultura, ni los medios de traslado sanitarios de la actualidad, de ahí que la mayoría de los heridos fueran trasladados por vehículos particulares.
Medidas de Seguridad Preventivas.
Debido a este accidente y otros relacionados con fiestas relacionadas con la pólvora, se ha llevado a cabo unos cambios y modificaciones preventivas que para algunos ha “capado” la fiesta de los Moros y Cristianos, pero para otros, la mayoría, las ven con buenos ojos, ya que los accidentes con múltiples lesionados o victimas mortales se han reducido drásticamente o desaparecido, atrás han quedado esos arcones llenos de decenas y decenas de kilos de pólvora entre los estruendos, el que los arcabuceros lleven kilos y kilos de pólvora encima, el habitual explotar de los arcabuces por su uso continuado o faltas de revisión y como no, se acabo el ver a borrachos manejando la pólvora.
Esta claro que las medidas de seguridad, los controles de la Guardia Civil y la necesidad de realizar cursillos para el manejo de la pólvora, ha ido concienciando a la gente de la fiesta sobre el peligro de un manejo irresponsable de la pólvora.
Y aun así, siempre hay alguno que se lo salta, disparando el trabuco hacia el suelo o los lados.
La Red Viaria y Hospitalaria.
La red viaria y hospitalaria de aquellas fechas no se parecía en nada a la que tenemos ahora, la carretera de la playa que unía Campello con la playa de San Juan era de dos sentidos y la carretera nacional ya tenia desdoblados dos carriles en ambas direcciones dentro del termino municipal de Alicante, no había autovia y no existía el Hospital de San Juan y para llegar al Hospital de Alicante, que aun se le llamaba coloquialmente “Residencia 20 de Noviembre”, sino conocías Alicante, debías ir hasta el Postiguet, Rambla y para arriba, si conocías algo la ciudad, como mucho podías recortar hasta la Plaza de Toros y desde allí subir a la Resi, quedando descartado acceder por el cruce de Juan XXIII, por las eses de la carretera y la necesidad de conocer bien el camino.
Según la ruta que cogieras, por el camino te encontrabas en primer lugar con la Clínica Vistahermosa, luego según por donde tiraras el Perpetuo Socorro junto con el Hospital Provincial que aun no era el Museo Arqueológico de la actualidad y en último lugar el Hospital.
Hora de los Hechos.
Las fuentes consultadas no se ponen de acuerdo con la hora de la explosión, el País refiere las 8.10 h, el ABC dice que ocurrió a las 8.30 h y Alicante Vivo comenta que sucedió pasados unos minutos de las ocho, sin embargo todos se equivocan, ya que los hechos debieron suceder bastante antes de las ocho de la mañana, entre las 7.20 h y las 7.40 h, calculo, dado que esa noche trabaje y salía a las ocho, llegando los primeros heridos a la Clínica Vistahermosa, el sitio sanitario más próximo al accidente en aquel momento, antes de irme.
Esta afirmación se confirma, porque hasta el mismo periódico País refiere que en el Hospital de Alicante el personal de noche se quedo hasta media mañana, cosa que hubiera sido imposible, si la tragedia se hubiera producido después de las ocho, ya que para cuando hubieran llegado los primeros heridos los trabajadores que salía de noche, a las ocho, ya se habría ido.
DESCRIPCIÓN DEL DESEMBARCO MORO DE EL CAMPELLO.
Las fiestas de Moros y Cristianos en Campello son relativamente jóvenes tal como la conocemos en la actualidad, de hecho con esta estructura funciona desde 1985, hace ahora 25 años, esta fiesta singular ha bebido y confraternizado mucho con las de Mutxamel que son más antigua y fruto de esa relación de hermandad se encontraban, unos 50 cristianos de la comparsa los Templarios de Mutxamel, ayudando a realzar el desembarco de su localidad vecina, aportando gente y su cañón, al igual que otros mutxameleros de diferentes comparsas.
El acto del desembarco era la novedad de ese año, en comparación con el tradicional desembarco de la Vila o el más reciente de Calpe iniciado en los años setenta, a los cuales emulaba. Entonces estos actos giraban entorno a la torre de la Isleta y allí fue donde se produjo el desastre.
El desembarco en si, se puede considerar el primer acto de las fiestas de Moros y Cristianos de esta localidad marítima de El Campello, donde se representa la arribada de las huestes Moras por el mar y su lucha en la playa con las tropas Cristianas de la localidad que pierden ante el empuje de los invasores venidos del mar y que dará pie a los distintos actos presentes en toda fiesta de Moros y Cristianos que se celebra en nuestra provincia, con sus distintas peculiaridades.
El Accidente.
Aquel día junto al cañón de los templarios, que al parecer tenía seis años de existencia, se encontraba una caja metálica hermética, que contenía alrededor de 30 Kg. de pólvora para el cañón y los arcabuceros, que ya se habían usado sin problemas en las fiestas de Mutxamel celebradas un mes antes, en Septiembre.
Tras hacer un cambio de posición del cañón, se produjo el desastre, al estallar la caja metálica de pólvora que provoco la destrucción de todo lo de su alrededor, debido en parte a la enorme potencia de la onda expansiva y a la metralla metálica despedida al romperse la caja en cientos de pedazos.
Aunque existe un informe pericial de la Guardia Civil, al que no he tenido acceso, seguramente nadie de los allí presentes y que sobreviviera, sabe exactamente lo que provoco aquel desastre, solo queda aventurar hipótesis, realizadas entorno al modo de funcionamiento en aquella época de los disparos, la ausencia de distancia de seguridad de estos con respeto al deposito de pólvora y por ello, la fatídica casualidad de la apertura de la caja en el momento en que se producía un disparo demasiado cercano, aunque también podríamos aventurar la producción de un chispa debido al material con que estaba construida el arca y cerrar de golpe las tapas metálicas.
Supongo que el resultado de la investigación seria un informe sin culpables individuales y en el que se asentaría las bases preventivas de futuros accidentes, culpabilizando por ello, la extendida mala costumbre entre los festeros de acumular excesivas cantidades de pólvora en un solo recipiente, así como la estructura de este, que en lugar de posibilitar una deflagración provoco una explosión. Supongo que también argumentaría sobre la necesidad de cambiar los protocolos de seguridad en el manejo de la pólvora y en la necesidad de educación entre los festeros sobre su manejo, concienciándolos del peligro que conlleva y la necesidad de estar con los cinco sentidos alerta durante su uso.
La Leyenda.
Cuerpos volando y otras lindezas seguramente existieron, pero la mayoría de los hechos han sido exagerados por los medios y los involucrados, que inconscientemente añaden mas adjetivos de los debidos, impresionados sin duda, por una escena difícil de asimilar para las personas no acostumbradas a situaciones de emergencia.
Un punto y aparte es los detalles de protagonismo que asumen los políticos, que si al alcalde de Campello Vicente Baeza le cae un fallecido a sus pies, que si el Gobernador de alicante Virginio Fuentes había coordinado el dispositivo de protección civil y exageraciones similares.
LAS VICTIMAS DE LA TRAGEDIA.
Al final fueron 6 personas las que fallecieron y 35 las heridas de diversa consideración, algunas con amputaciones.
Los fallecidos fueron:
1.- Rafael Alberola Martínez. (24 o 25 años, según el medio consultado) de Mutxamel
2.- Juan Carlos Aracil Fuentes. (18 años) de Mutxamel
3.- Diego Igual Cascales. (37 o 43 años según el medio consultado) Guardia Civil madrileño destinado en el Campello
4.- Manuel Nicanor Rodríguez Pérez. (28 o 29 según el medio consultado) vecino de Torrejón de Ardoz, Madrid
Estas cuatro victimas de la explosión murieron en el lugar de los hechos.
5.- Rafael Climent Tena. ( 22 años) de Mutxamel falleció durante su traslado al Hospital del Insalud de Alicante.
6.- José Vicente Blasco García. ( 24 años) de Mutxamel y de la comparsa los Templarios, fue el ultimo de los fallecidos debido a esta tragedia y aunque murió el 21 de Octubre, se encontraba ya clínicamente muerto 24 horas después de ingresar en el Hospital de Alicante.
En cuanto a los heridos físicos, sin duda fueron más de cincuenta y no los 35 oficiales, ya que no todos acudieron a los hospitales para no sobrecargar los servicios o bien por ser pequeñas heridas, fueron curadas en sus casas.
En previsión de las necesidades, el Hospital General hizo rápidamente una llamada de urgencia, solicitando a través de la radio la donación de sangre y recogiéndose 42 litros.
En el hospital de Villajoyosa fue asistido Juan José Escolano.
Mientras que en el Hospital Provincial de Alicante, hoy Museo, ingresaban Cristina Planelles, José Sala y Francisco Jacinto.
Esa misma tarde a las 19.30 horas, el director del hospital del Insalud de Alicante informó que 11 personas habían sido dadas de alta ya y otras 14 permanecían ingresadas en estado grave Se trataba de:
Andrés Aracil, de 15 años.
Juan Manuel Poveda, de 17 años.
José María Aracil Baeza, de 18 años.
Francisco Alberola Martínez, de 19 años.
Juan Pedro Segura, de 24 años.
Antonio Soto Peñalver, de 24 años.
Francisco José Salas Blasco, de 24 años.
José Vicente Blasco García, de 24 años.
Carmen Tendero, de 42 años.
Lorenzo Víco Segura, de 56 años.
William Lodge, de 64 años. Turista Ingles.
María Helen Smith, de 64 años. Turista Ingles.
Juan Francisco Belmonte.
Juan Carlos de Cabo Bosco.
Desde Alicante se traslado a la Ciudad Sanitaria La Fe de Valencia a Milagros Llorens.
De los 14 heridos graves, la mayoría tenían menos de 30 años y nueve eran mutxamelers de la comparsa de Els Templaris, que habían acudido a las fiestas de Campello.
Sin embargo estos datos, no hacen referencia alguna sobre las heridas psíquicas que recibieron tantos los heridos físicos, como los allí presentes y familiares, que aun persisten hoy en día.
El ayuntamiento suspendió las fiestas y declaró tres días de luto oficial.
Las corporaciones municipales de Campello y Mutxamel decidieron acudir conjuntamente al sepelio que se celebro el 14 de Octubre tras una misa en Campello.
El sepelio ocho días después del joven José Vicente Blasco constituyó una nueva manifestación de duelo popular, dado lo reciente del desastre. Asistieron una vez más las autoridades locales de El Campello y Mutxamel, así como representantes de todas las comparsas festeras.
P.D.
La presente entrada surge al venirme a la mente el desastre acaecido en el Campello mientras contemplaba este año el desembarco y comprobar posteriormente que la información sobre dicha tragedia es muy escueta y dispersa en la Red, seguramente si hubiera tenido tiempo para investigar en la hemeroteca física del Diario Información, podría haber añadido algún dato más, pero con esta recopilación de artículos de “El País”, “ABC”, una entrada de “Alicante Vivo” del 9 de agosto del 2007, además de la inestimable ayuda de algunos compañeras de Mutxamel y Campello he podido aglutinar en una sola entrada, suficiente información sobre estos hechos.
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