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jueves, 30 de abril de 2009

LA PANDEMIA DE LA GRIPE ESPAÑOLA.


Hoy voy a dejar de lado otras entradas que en principio iba a subir para hablaros de una anterior pandemia, la mal llamada Gripe Española, para que entendáis eso de que todo es cíclico.
La Gripe Porcina en un mundo globalizado casi seguro que lo recorrerá el de un lado a otro en menos de dos meses y con un poco de suerte sus resultados no serán tan devastadores como los provocados por la Gripe Española dados los avances sanitarios existentes en la actualidad, una mejor capacidad de respuesta y unos medicamentos como los antivirales que pueden plantar cara a este virus en principio, aunque sin duda muchos serán los que caerán por el camino, sobre todo en países subdesarrollados, por complicaciones otras veces o simplemente los más débiles y enfermos sean de donde sean, esperando que deje de lado a los jovenes sanos.
La gripe española, dejó una huella de devastación en la historia, aunque muchos la ignoren. El asesino microscópico dio la vuelta al mundo en cuatro meses, y entre 1918 y 1919 se cobró más de 25 millones de vidas.
La tasa de mortalidad de la pandemia de 1918/1919 no se conoce exactamente, pero se estima en el 2,5 - 5% de la población de la Tierra de aquel tiempo, y que el 20% padeció la enfermedad. La gripe pudo haber matado 25 millones de personas en las primeras 25 semanas; en comparación, el SIDA mató 25 millones en los primeros 25 años. Algunas estimaciones calculan la cifra final de muertos en más de 50 millones, puede que incluso 100 millones.
Aunque el país más devastado por esta epidemia fue la India, donde murieron 15 millones de los afectados, alcanzando la mortalidad, en algunas partes, al 20% de la población.
En Estados Unidos murieron 675.000 personas por causa de la gripe española —más víctimas que en la Primera y la Segunda Guerras Mundiales, la guerra de Corea y la guerra de Vietnam juntas.
Las compañías farmacéuticas trabajaban día y noche para producir una vacuna, pero el virus desapareció antes de que se pudiera siquiera aislarlo.
A pesar de su nombre, los investigadores creen que lo más probable es que la gripe española se haya originado en Estados Unidos. Uno de los primeros casos conocidos ocurrió el 11 de marzo de 1918, en la base militar Fort Riley, Kansas.
La gripe parecía atacar a los militares y no a los civiles; debido a eso, el virus paso desapercibido para la población civil, en gran parte debido a otros hechos más candentes que estaban de actualidad, como la Ley Seca, el movimiento de las sufragistas y las sangrientas batallas en Europa.
En mayo de 1918, la gripe empezó a ceder en Estados Unidos. Pero los soldados de Fort Riley, ya listos para la batalla, incubaron el virus durante su largo e incómodo viaje a Francia. Al pisar las playas francesas, el virus explotó, extendiéndose y atacó con igual fuerza a las tropas aliadas y a las del Comando Central.
Las autopsias mostraban pulmones endurecidos, rojos y llenos de líquido. Al observarlo al microscopio, el tejido de un pulmón enfermo revelaba que los alvéolos, las células de los pulmones que usualmente están llenas de aire, se hallaban tan saturadas de líquido que las víctimas morían ahogadas.
Las enfermeras solían verles los pies antes que nada. Los que ya tenían los pies negros se consideraban desahuciados y eran apartados para dejarlos morir.
Lo más desconcertante fue que este virus atacaba principalmente a adultos sanos y fuertes. La gripe española cambió todos los patrones.
Muchas de sus víctimas fueron adultos jóvenes y saludables, a diferencia de otras epidemias de gripe que afectan a niños, ancianos o personas debilitadas.
Las tasas de morbilidad y mortalidad más elevadas se observaron en la población adulta, especialmente en el grupo de 20-49 años, con una mayor mortalidad en varones
Además, los grupos de mayor edad podrían haberse beneficiado de un efecto protector al haber estado expuestos a una importante epidemia gripal que tuvo lugar en el siglo anterior (1889-91).
Tras registrarse los primeros casos en Europa, al parecer en Francia, ésta pasó a España a principios de mayo, un país neutral en la guerra.
La gripe española, llamada algunas veces la "dama española", recibió este nombre equivocado debido, en parte, a la censura de guerra. Tanto las fuerzas aliadas como las del Comando Central habían sufrido grandes pérdidas por causa de la gripe española, pero los partes de guerra restringían la información para que no llegara al enemigo, ya que podia utilizarla en su provecho. Sin embargo, los periódicos españoles, que no estaban censurados, hablaban abiertamente de los informes sobre la enfermedad y sus consecuencias, de ahí que, pese a ser un problema internacional, se le diera este nombre, pues era el único país de la época que informaba de la gripe abiertamente. España fue uno de los países más afectados con cerca de 8 millones de personas afectadas durante los meses de mayo y junio de 1918 y alrededor de 300.000 muertes (a pesar de que las cifras oficiales -¿México?- redujeron las víctimas a «sólo» 147.114) y esta información llegó a todos los periódicos del mundo.
Desde los campos de batalla de Europa, la epidemia evolucionó rápidamente hasta convertirse en pandemia; la enfermedad se propagó por el norte hasta Noruega, por el este hacia China, por el sudeste hasta la India y, por el sur, hasta Nueva Zelanda. Ni siquiera los habitantes de las islas permanecían inmunes. De polizón en buques, en navíos de la marina mercante y en trenes, el virus viajó hasta los rincones más alejados. En el verano de 1918, ya había asolado al Caribe, Filipinas y Hawai. La epidemia hizo estragos en Puerto Rico pero, asombrosamente, apenas tocó la zona del Canal de Panamá, la encrucijada del mundo en esa época.
En apenas cuatro meses, el virus había dado la vuelta al mundo y regresado a las playas de Estados Unidos.
La segunda y la tercera olas de la gripe española arremetieron contra Estados Unidos en los meses de invierno de 1918. En esta oportunidad, los civiles no permanecieron a salvo. Los pueblos indígenas del país, especialmente las tribus de Alaska, sufrieron enormemente. La gripe acabó en su totalidad con los habitantes de algunos pueblos de Alaska,
En muchas ciudades, abrumadas por el número de cadáveres, se agotaron los ataúdes.
Crosby en su libro describe hasta qué punto estaban sobrecargadas de trabajo las empresas funerarias:
En algunos casos, los muertos se dejaban en la casa durante varios días. Las funerarias privadas estaban abrumadas, y algunas se aprovechaban de la situación subiendo los precios hasta un 600%. Se presentaron quejas de que los empleados de los cementerios cobraban 15 dólares por los entierros y hacían que los familiares mismos cavaran las tumbas para sus muertos.
La vida quedó en suspenso. En Boston, el gobierno cerró las escuelas públicas, los bares y otros espacios públicos. Los policías de Chicago tenían órdenes de detener a todo aquél que estornudara o tosiera en público.
Si a esto añadimos que los servicios médicos de muchas ciudades ya estaban sobrecargados por la guerra. Por ejemplo, una tercera parte de los médicos de Nashville estaba fuera del país atendiendo a militares cuando llegó la gripe española. Las enfermeras se convirtieron en un recurso invalorable, ya que los médicos que quedaban estaban abrumados y, en muchos casos también caían enfermos.
Las enfermeras a domicilio a veces se encontraban con escenas parecidas a las de los años de la peste, del siglo XIV.... “Una enfermera encontró al esposo muerto en la misma habitación donde yacía su esposa con mellizos recién nacidos. Habían transcurrido 24 horas desde la muerte y los nacimientos, y la esposa no había comido nada, excepto una manzana que por casualidad estaba al alcance de su mano.”
En 1918, los investigadores médicos carecían de recursos para identificar el origen de la gripe, con lo cual era imposible el hallazgo de vacunas. Además, debido a que la penicilina no se descubrió hasta 1928, muchos de los pacientes que superaban la gripe morían más tarde debido a las infecciones secundarias, con neumonía bacteriana.
Hoy en día se teoriza con una hypercitoquinemia, o “tormenta de citoquinas”, como el factor responsable por el altísimo índice de mortalidad del virus.
Durante una “tormenta de citoquinas” se produce una retroalimentación positiva repetitiva (en castellano: una respuesta en sentido directo a un estímulo que se repite una y otra vez) a causa de la presencia del subtipo H1N1. Como resultado las citoquinas envían a los macrófagos y las células-T (mecanismos de defensa contra patógenos) a dirigirse en sentido del estímulo. Lo cual conlleva a que los mismos anticuerpos que generas ataquen al cuerpo que los produce, llevándolo a la muerte.
Hay quien considera a estos mecanismos de mortandad masiva (millones de individuos) a una respuesta del ecosistema global para regular nuestra galopante demografía.
El rol de “controlador de población” me cuesta cuadrarlo dentro del plano de la selección natural. Quizás aplicando el concepto de “selección conjunto” que proponen los teóricos del caos, es decir, varios factores de distintos ordenes combinados e interactuando “mutuamente” dando un resultado equilibrado por el caos. Es decir, la más patógena en teoría Gripe Aviar, fue contenida a tiempo, da igual los factores que lo determinaron, el resultado fue que prevaleció el orden, hoy con esta gripe vamos encaminados hacia un caos de magnitudes imprecisas, de momento…
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